Ese día la cabeza te hace click. De repente todo encaja, como si el cerebro te mandara una señal inconfundible. La sirena suena y fuerte.
Ese día preparate. Porque no hay vuelta atrás; ya está. No es algo que se disipa. La astilla se clavó y molesta. Y lo mejor, se sabe, es arrancarla de un tirón.
Y finalmente la cuestión se reduce a que uno tiene un peso fuertísimo. Por eso muchas veces se siente que se camina sobre una cuerda floja. No es poca cosa cargar con uno mismo. Con los miedos, las ansiedades, los nervios, las alegrías. Esa catarata de emociones que es el ser humano y que nunca deja de fluir. Y que a veces puede parecer que nos ahoga.
La soledad más sola. Y más enriquecedora.
